Cuando intentas practicar la asertividad pero te olvidas de algo importante

Definición de Asertividad

La asertividad es la habilidad de expresar nuestros deseos o sentimientos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás. 

Esta es su definición teórica. Pero para entenderlo mejor os voy a poner un ejemplo, que es como mejor se entienden las cosas y como a mí me gusta explicarlas.

Y lo que voy a contaros es algo que me pasó precisamente hace muy poquito, y que creo que ilustra muy bien qué es eso de la asertividad (y de paso otras cosas). 

Ejemplo práctico de asertividad

# 1) El entuerto

Antes de verano una colega de profesión y amiga me había hecho un ofrecimiento para colaborar en un proyecto junto con otra colega y amiga a la que acababa de conocer en persona y me había cautivado. Hubo mucho feeling y conexión entre las tres, así que yo estaba realmente emocionada con la idea.

El caso es que intercambiamos un par de emails sobre el tema y la cosa quedó ahí.

Tres meses y pico después, mientras asistía a una charla de esta persona (llamémosla Marta) le oigo contar de pasada que ya está realizando el mismo proyecto con otras personas (dando por hecho que nuestra amiga en común también).

 -.“¡Pero cómo! ¡Si no me ha dicho nada! ¡Ni siquiera me escribe para decirme por qué ya no cuenta conmigo!” “¿Cómo puede tratarme así?” (pensé).

Inmediatamente, me asaltó un torrente de emociones negativas como desengaño, decepción, traición, desprecio, incluso ultraje. Se me puso un nudo en el estómago y rompí a llorar.

He de decir que llevaba un día con el ánimo un poco bajo y aquello se me clavó como un cuchillo.

¡No daba crédito!

Hacía poco que me había sentido abandonada y olvidada por otra persona que no contestaba mis correos (desconozco el motivo, puede que no sea intencionado), y esto ya era demasiado. Algo tenía que estar haciendo mal ¿Qué pasaba?

De repente, en mi mente se agolpaban pensamientos del tipo “el sueño se acabó” “estás fracasando” “tu proyecto jamás será lo que pretendes” “ya nadie cuenta contigo”, etc. etc.

Y todo ese remolino en cuestión de segundos. ¡Uf!

#2) Adueñarse de la situación

Después de recrearme en esa escena de traición, abandono, fracaso y victimismo de libro, se me plantearon tres posibilidades, que por este orden fueron:

1º) dar rienda suelta a mi cabreo, y soltárselo allí mismo a Marta. Boicotear su charla con algo en plan “traidora” o “qué bonito colaborar contigo en ese proyecto inexistente” o algo más sarcástico que arruinara su reputación (aunque en realidad la única reputación que arruinaría sería la mía…);

2º) no decir nada, seguir sufriendo en silencio, refugiándome en mi papel de víctima, culpando a mi mediocridad y cobardía de haber sido excluida del proyecto y tachar a Marta -y por extensión a nuestra colega en común- de mi lista de contactos;

3º) con la cabeza un poco más fría, y aunque no me resultara fácil, me planteé la posibilidad de hablar con Marta y decirle lo que me había dolido enterarme de esa manera de que finalmente no iban a contar conmigo y que hubiera agradecido que me lo dijera personalmente en su momento explicándome los motivos.

Finalmente, opté por la tercera opción.

Con la poca fuerza y dignidad que me quedaba, (en el escenario de humillación y fracaso perfectamente urdido por mi mente, en modo víctima total) le envié un mensaje a Marta explicándole cómo me sentía y por qué.

Era un mensaje claro, directo, en el que expresaba con sinceridad mis sentimientos, pero sin agresividad, ni acusaciones, ni reproches, ni ofensas.

Para mí fue un auténtico ejercicio de asertividad, algo que todavía me cuesta un poco practicar. De hecho, al momento de darle a “enviar” reconozco que me sentía totalmente incómoda y vulnerable. 

El efecto “olla express”

Precisamente, el evitar sentirnos incómodos y vulnerables es los que nos impide ser asertivos. No queremos crear un conflicto, ni malos rollos. Y por eso acabamos guardándonos para nosotros lo que sentimos y pensamos en situaciones como, por ejemplo, esta que os traigo.

Sin embargo, eso no hace más que aumentar el dolor que sentimos, y nuestro resquemor hacia esa persona que nos ha ofendido, y entonces empezamos a actuar de manera diferente con ella, la relación ya no es sincera sino que está secuestrada por esa desconfianza y reproche que se creó en nosotros por eso que un día hizo (aunque realmente no lo hiciera, o fuera sin mala intención, o no conociéramos los verdaderos motivos).

Y de repente un día, sin venir a cuento explotamos y empezamos a vomitar incontroladamente todo tipo de improperios, reproches e incluso insultos hacia esa persona. Y, entonces sí, la relación se termina, y de forma totalmente traumática y absurda.

Por eso me alegro de haber hecho un esfuerzo, calmarme y haber enviado aquel mensaje.

#3) Las trampas del subconsciente

Peeeero, la historia no acaba aquí. Y creo que merece la pena contártela entera. Ya verás por qué.

Y es que, si bien hice un ejercicio de consciencia y asertividad, todavía pude haber mejorado mi forma de gestionar aquello. Como te he dicho, ese día tenía el ánimo bajo y no me encontraba en un estado emocional positivo, y eso fue lo que provocó que mi reacción no fuera la más adecuada (otro claro ejemplo de la importancia de los estados emocionales en las decisiones que tomamos).

El proceso lógico y sano de razonamiento en cualquier otro día hubiera sido: “seguro que hay un buen motivo, o quizá no esté hablando del mismo proyecto, aunque suene prácticamente igual”.

Y entonces, en lugar de alimentar ese torbellino de emociones negativas y dar por sentado que lo que yo creía era lo que realmente había pasado, podría haberle preguntado directamente por aquél proyecto del que hablamos, si seguía en pie o había cambiado de idea.

Parece lo más coherente ¿no?

Sí. Pero nuestro subconsciente no entiende de coherencias sino de atajos.

[Tweet “Nuestro subconsciente no aplica la coherencia, sino los atajos”]

Cuando actuamos de forma inconsciente, con el piloto automático, nuestra mente no procesa y analiza completamente toda la información y estímulos que recibe sino que, para ahorrar energía y tiempo de reacción, tira de “imágenes de archivo”.

Es decir, ante un estímulo parecido al que tuvimos en una determinada experiencia del pasado, envía la misma respuesta al cerebro, aunque la situación no sea la misma.

Y ello antes de que nuestro consciente pueda actuar. Es en esas milésimas de segundo donde debemos intervenir.

Por eso es tan importante darnos cuenta de lo que estamos pensando en cada momento, y desde qué estado emocional lo estamos pensando. Si el pensamiento que nos viene no encaja con lo que queremos conseguir, tenemos que cambiarlo por otro pensamiento que nos ayude a construir algo, y no a destruirlo.

#4) El error aprendizaje

Y exactamente eso fue lo que pasó.

Esas palabras despertaron en mí las mismas emociones que había sentido otras veces cuando me habían rechazado o me habían excluido de algo que para mí era muy importante.

Afortunadamente, gracias a ese ejercicio de asertividad, no me dejé llevar por mi primer impulso de vengarme por tal ofensa. Sino que me serené y decidí ir de frente, comunicar de forma clara, directa e inmediata mis sentimientos a Marta.

Sin embargo, omití la segunda parte

Y en lugar de preguntar primero, di por supuesto que lo que yo había entendido era lo que  realmente había pasado.

Y aquí viene lo gracioso. Bueno, para mí no tanto. 

Marta me contestó de inmediato, sorprendida, que no se estaba refiriendo a nuestro proyecto, sino a otro. Que el nuestro seguía en pie, que seguía contando conmigo, pero que por circunstancias había tenido que retrasarlo.

-. “Ah… ups… esto…. lo siento…” ¡Tierra trágameeee!!!

En ese momento, ya no me sentía tan orgullosa de mi ejercicio de asertividad. No sabía donde meterme. ¡Me moría de la vergüenza!

De no encontrarme en ese estado de ánimo ni se me hubiera ocurrido dudar de Marta. Tendría que haber buscado una explicación. Le hubiera preguntado directamente sobre el proyecto, sin dar por sentado que había pasado de mí. 

Pero el ego es muy astuto y siempre encuentra una rendija por donde colarse en nuestras decisiones y hacerse el imporatnte, y si no estamos muy atentos y lo cortamos de raíz siempre nos lleva a su terreno.

Menos mal que Marta es una persona consciente, comprensiva y con un alto nivel de desarrollo personal. Cualquier otra persona se hubiera, al menos, escandalizado, o me hubiera montado un follón por semejante acusación infundada. Lo que a su vez, por otra parte, también hubiera provocado en mí una reacción negativa… y así entramos en el círculo de los malentendidos y los “tú más”.

Moraleja: está bien que practiques la asertividad, pero asegúrate antes de que lo que vas a decir tiene una base fundada.

[Tweet “Cómo practicar la asertividad y cómo no hacerlo”]

La importancia del estado emocional

En definitiva, como en casi todo lo referente a relaciones humanas, la clave está en no dejarnos llevar por nuestros impulsos y emociones del momento, pero tampoco silenciar nuestros sentimientos.

Es decir, no caer en la agresividad, pero tampoco en la pasividad.

Y sobre todo, nunca nunca nunca tomes decisiones ni actúes desde un estado emocional bajo. Porque hay muchas probabilidades de que tu enfoque no sea el adecuado y acabes tomando peores decisiones, que te llevarán a situaciones que no deseabas. 

De los estados emocionales hablaré en otro artículo, porque es uno de los factores que más influye en la calidad de nuestras acciones.

Espero que esta experiencia te ayude a practicar -de manera correcta- tu asertividad, tanto como a mí me ha servido para seguir trabajándola y aprendiendo. Lo que, por cierto, demuestra una vez más que es en nuestros peores momentos cuando más aprendemos.

Te confieso que sigue costándome compartir mis días de mierda como este, pero si lo hago es precisamente por eso, porque creo que pueden serte de utilidad los aprendizajes y conclusiones que de ellos saco.

Y a tí, ¿te ha pasado algo parecido? ¿practicas la asertividad? ¿o eres de los que se calla para intentar agradar? Me encantaría que me lo contaras  en los comentarios.

Maite Gómez
maite@caminoinverso.com

Mi misión es ayudarte a encontrar tu propio camino, a transformar tu vida desde dentro, para que empieces a vivir una vida plena y con sentido. Creo en el poder transformador de la acción y en el miedo como motor de cambio y crecimiento.

14 Comments
  • Charo
    Posted at 15:02h, 29 septiembre Responder

    Muy buen artículo. Creo que más de una nos vamos a ver reflejadas. Es tan difícil lo de la asertividad! Pero tenemos que practicarla si queremos tener buenas relaciones. Es verdad que nuestro estado de ánimo influye muchísimo en nuestras decisiones y a veces nos juega malas pasadas. Por eso es bueno que nos acostumbremos a tomarlas una vez ha pasado la euforia del momento. Un saludo

    • Maite Gómez
      Posted at 21:18h, 29 septiembre Responder

      Hola Charo,

      así es, importantísimo no dejarse llevar por nuestros primeros impulsos, porque están condicionados por programas que construimos en el pasado para gestionar situaciones, circunstancias y roles del pasado. Por eso hay que hacer un esfurzo de consciencia, de darse cuenta en cada momento de nuestros pensamientos y emociones para decidir si realmente es eso lo que elegimos desde nuestro yo actual. Y si eso nos acerca o nos aleja de nuestra meta, de la persona que queremos ser.

      Me alegro que te haya gustado, al principio no estaba muy segura de si publicarlo o no, pero la experiencia me dice que somos más parecidos de lo que pensamos, y veo que no me equivoco 😉

      Muchas gracias por pasarte a comentar y un abrazo!

  • Mariví
    Posted at 20:05h, 29 septiembre Responder

    Menuda olla exprés tuviste que tener ese día en tu cabecita Maite…

    Creo que eso nos ha pasado a todos, mi primera reacción probablemente hubiese sido la misma, luego me hubiese alejado de todo aparato tecnológico para evitar la primera opción que propones “dar rienda suelta a mi cabreo, y soltárselo”… , ya más calmada hubiese meditado lo que había estado oyendo, que no escuchando, normalmente cuando escuchamos algo que nos altera dejamos de hacerlo y empezamos a montarnos nuestra propia película.

    Finalmente habría enviado el email, siendo lo más asertiva posible y preguntando, la única forma de saber lo que el otro piensa, siente y por qué hace lo que hace es preguntándole directamente, y no volviendo loco al subconsciente que normalmente suele jugarnos una mala pasada. Si la otra persona es una amiga sabrá entender la “locura” que ha pasado por tu mente en ese momento, y acabaríais riéndoos las dos.

    Felicidades por el post, y ánimo con ese proyecto que seguro que será maravilloso 🙂 !

    Un Abrazo Muy Fuerte!

    • Maite Gómez
      Posted at 21:30h, 29 septiembre Responder

      Hola Mariví!

      pues sí, una olla express a punto de explotar… Pero afortunadamente, todos estos años de aprendizaje vital no han sido en balde y al final elegí la opción correcta. Solo faltó tener el estado emocional adecuado que diera lugar a un pensamiento más constructivo, en lugar de dar por sentado lo que mi nublado entendimiento en aquel momento entendió.

      Pude comprobar una vez más que cuando estamos más flojos o con menos energía somos más propensos a dejarnos influir por el subconsciente, por nuestros fantasmas y nuestros miedos y creencias limitantes. Y es que romper el patrón que llevamos siguiendo durante años y actuar de forma consciente y acorde con nuestros valores y reglas actuales requiere de un estado emocional sano y fuerte, lo que yo en aquel momento tenía debilitado.

      Menos mal que “Marta” no solo es una amiga, sino una persona muy comprensiva y consciente. De no ser así, quizá se hubiera generado un conflicto absurdo del que aún me estaría culpabilizando.

      Me alegro que te haya gustado guapa y gracias por pasarte a comentar 😉

      Un abrazote!

  • Cristina
    Posted at 22:06h, 29 septiembre Responder

    Estupendo tu artículo Maite, celebro tu valentía y tu honestidad compartiendo esta experiencia. Y el aprendizaje! A mí me cuesta mucho ser asertiva, y también a veces saco conclusiones demasiado rápidas…. basadas en filtros previos y creencias mías. así que entiendo que te pasara esto porque podría haber sido yo misma…De hecho hace poco quise ser asertiva quejándome de la ausencia del internet ofertado y fui borde cuando no tocaba… Pero eso, de todo se aprende 🙂
    un abrazote y a seguir creciendo!

    • Maite Gómez
      Posted at 10:16h, 30 septiembre Responder

      Hola Cristina!

      qué bien verte por aquí 🙂

      La verdad es que ha sido una de mis asignaturas pendientes, casi siempre me callaba por miedo a no agradar o a generar conflicto. Y eso está directamente ligado a la falta de autoestima, porque como buscas la aceptación de los demás supeditas tus necesidades a las de otros, te callas y no expresas lo que sientes ni pides lo que necesitas. Al final todo está relacionado.

      Además, estamos tan acostumbrados a actuar desde el piloto automático, desde los programas mentales que adquirimos en la infancia, que cuesta mucho pasar de la “reacción” a la “acción consciente”. Es cuestión de práctica, de asumir nuestra responsabilidad en las acciones y decisiones que tomamos y aprender de las experiencias para seguir creciendo.

      Yo también he caído alguna vez en la agresividad cuando quería ser asertiva, jeje, aunque lo mío era más bien el otro lado, la pasividad (y luego el efecto “olla express”, uf).

      Gracias por pasarte a comentar, me alegra que te haya gustado, y a seguir aprendiendo! 😉

      ¡Un abrazote!

  • Ximena
    Posted at 01:45h, 30 septiembre Responder

    Gracias por compatir tu experiencia..me ví reflejada y me ayudo a hacer click….. cuantas veces inferimos arbitrariamente cosas y en vez de deternos primero a respirar, segundo a preguntar y tercero a escuchar el punto de vista del otro, o lo que ocurre del otro lado, tendemos a actuar bajo impulso y a hacer juicios sin base, o mejor dicho con base errada, y de allí saltamos por impulso, al acto desproporcionado, sea agresivamente o quedandondos callados… allí radica la autentica asertividad, la inteligencia emocional y la importancia de preguntar concretamente antes de asumir cosas que no son.
    Gracias.

    Muy

    • Maite Gómez
      Posted at 10:23h, 30 septiembre Responder

      Hola Ximena!

      no sabes cuánto me alegro de que te haya ayudado a hacer ese click, porque justamente eso es lo que busco con mis artículos 🙂

      Efectivamente la asertividad -como todas las habilidades sociales- tiene mucho que ver con la inteligencia emocional, con saber gestionar nuestras emociones para actuar desde la serenidad y la comprensión, y no dejarnos llevar por reacciones inconscientes.

      Mil gracias por tu comentario y a seguir practicando y creciendo!

      Un abrazo!

  • Sònia
    Posted at 11:00h, 30 septiembre Responder

    ¡Hola!

    Me ha gustado mucho el post. Cuando leí el email, me sonó a “te vas a enterar” y, conforme iba leyendo el artículo, mi sorpresa iba en aumento.

    Ole tú por ser capaz de mostrar tu vulnerabilidad de una forma tan sincera y auténtica. Sin filtros ni excusas.

    Ole tú por el aprendizaje después del “Tierra trágame”. Lo más fácil hubiera sido esconderse y sacar el látigo.

    Lo que cuentas es un ejemplo de que el mapa no es el territorio. A mi me ha costado bastante entender que mi forma de ver las cosas no es la única, ni la mejor. Es la mía y punto.

    Seguimos. Modo guerrera “on”.

    Sònia

    • Maite Gómez
      Posted at 11:13h, 30 septiembre Responder

      Hola Sònia,

      qué bien verte por aquí! 🙂

      Me encanta que te haya gustado el post. La verdad es que cada vez estoy más en paz con mi vulnerabilidad (otro de mis retos, casi superado), porque además creo que desde ahí se enseña mucho más que desde la opacidad y artículos asépticos, que de esos ya hay muchos.

      Como bien dices, en cuanto entendemos que hay mil formas de ver las cosas, y la nuestra no es la mejor, empieza a cambiar el cuento. Un buen comienzo, sí señor. A partir de ahí se abre un mundo de posibilidades… 😉

      Seguimos creciendo guerrera!

      Un abrazote!

  • Daniela
    Posted at 10:10h, 02 octubre Responder

    Hola Maite!
    Qué genial post. Me ha gustado mucho y me he visto reflejada.
    Muy interesante lo que comentas sobre el subconsciente, que trae los reflejos de situaciones similares por las que hemos pasado.
    Por esto mismo, antes me quedaba con el dolor dentro, con la segunda opción. Hasta que me dí cuenta que eso minaba mi autoestima.
    Ahora intento tomar la opción 3, aunque depende con qué persona, me es más fácil o más difícil expresarme.
    Me gustaría ser más asertiva, aunque como bien dices, con la práctica me iré acercando.
    Dejar a la vista nuestra vulnerabilidad y derribar ese muro que nos separa de nuestro verdadero “yo” debe ser muy liberador.
    Muchas gracias por mostrar “tus luchas internas”, y aportarnos para seguir creciendo.

    Un abrazo enorme!

    Daniela

    • Maite Gómez
      Posted at 11:05h, 02 octubre Responder

      Hola Daniela!

      me alegro mucho de que te haya gustado y de que te hayas visto reflejada. A veces creemos que estas cosas sólo le pasan a una, y por eso me gusta compartir esas luchas internas, con pelos y señales, para demostrar que nos pasa a todos y no tenemos por qué avergonzarnos de ello.

      Estamos demasiado acostumbrados a ocultar nuestros verdaderos sentimientos por miedo al qué dirán, a no ser comprendidas, o incluso a ser rechazadas. Y ya es hora de romper con eso. Cuando empiezas a expresarte, a ser tú misma, fortaleces tu autoestima, lo que a su vez te lleva a conectar con tu esencia, con tu verdadero yo. Y una vez que conectas con él te das cuenta de la de prejuicios y creencias absurdas que tienes y que han estado limitando tu vida.

      Todos nos merecemos ser aceptados y amados por lo que somos, comenzando por nosotros mismos, y cuando comprendemos esto derribamos muchos muros. Y sí, es súper liberador!

      Como dices, no es nada fácil practicar la asertividad dependiendo con qué persona, pero quién dijo que el camino del crecimiento fuera fácil ¿verdad?

      Mil gracias por pasarte a comentar y por compartir tu experiencia, me anima a seguir desnudándome para vosotros 😉

      Un abrazo fuerte y seguimos caminando! 🙂

  • Tony Pérez
    Posted at 18:47h, 03 octubre Responder

    Querida Maite algo así me ha pasado pero sin el final de “ah, es un malentendido…”
    Resulta que supuestamente iba a ir a dar una ponencia en un evento con otra Marta de las tuyas, muuuy lejos en un sito muuuy chulo y por más que la escribí desde el mes previo al evento para prepararlo entre los dos, la llame, la escribí, email, teléfono, facebook, etc… no contestaba.

    Que frustración y desilusión, pero bueno, quizá por mi personalidad, desconecto mis emociones como quien desenchufa un cable y aparento que no me afecta y en el fondo no es así.

    Yo no exploto, yo trago, ¿y sabes que me pasó?

    Soñé con “Marta”!!
    En el sueño le pedía explicaciones de porqué había pasado de ser tu gran amiga y lo que necesites a desaparezco cuando me da la gana de tu vida.

    Resulta que era la segunda vez que me lo hacía, la primera vez se excuso con mil y un problemas tras dos meses de ignorarme, y mi asertividad (tengo matrícula de honor en esa asignatura pero un 2 en decir las cosas que me molestan) hizo que volviera a confiar en ella.
    El caso, chasco, asertividad, sueños…somos un hervidero de emociones, pensamientos y hábitos que conforman lo que somos y siempre debemos estar felices por seguir prácticando y mejorando cada día, en cada oportunidad, con gente que nos chirría porque en el fondo no son nuestros enemigos, sino nuestros maestros.

    Un fuerte abrazo amiga.

    • Maite Gómez
      Posted at 21:30h, 03 octubre Responder

      Hola Tony!

      qué bueno verte por aquí. Menudo aguante tienes! Porque es verdad que esas personas que nos “chirrían” son nuestras mejores maestras, pero hay veces que cuesta mucho verlo así. Sobre todo cuando son reincidentes y desaparecen de la noche a la mañana sin explicación.

      Ahí interviene también nuestro grado de seguridad en nosotros mismos y nuestra autoestima, porque hay riesgo de que nazca la sensación de culpa “qué he hecho mal para que decida apartarme de su vida?”. Yo antes no podía evitar caer en esa culpa y no paraba de darle vueltas y vueltas a la cabeza para intentar encontrar dónde me equivoqué. Cómo cambia la historia cuando, simplemente, aceptas los hechos como son y no buscas culpables.

      Por eso digo, que esto del crecimiento personal no es de color de rosa ni mucho menos fácil, porque es en las experiencias más duras en las que más aprendemos. Pero también hay veces que una no puede evitar sentirse mal y debe permitirse simplemente vivir esa emoción, sin más…

      Mil gracias por contar tu experiencia, que como parece, compartimos.

      Un abrazote!

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