Cómo convertirme en quien quiero ser

Cómo convertirte en la persona que quieres ser.

Cuando afrontas un proceso de cambio o reinvención normalmente es porque te cuestionas  ¿estoy viviendo la vida que realmente quiero vivir? Eso implica tu entorno, tu trabajo, tus relaciones….

Sin embargo, ningún cambio que hagas fuera será realmente efectivo si no va precedido o acompañado de un cambio interno. No solo de mentalidad, que también, sino a un nivel más profundo y completo: tu identidad. Así que lo primero que tienes que preguntarte es ¿estoy siendo quien realmente quiero ser?

Hoy quiero invitarte a que lleves el foco a tí, que reflexiones acerca de la persona que estás siendo y si esa es la persona que sientes que quieres ser. La persona capaz de conseguir lo que quieres en tu vida. 

Y para ello te traigo una reciente experiencia personal y mis reflexiones y aprendizajes sobre ella. 

 

Mi propia experiencia

Durante muchos años yo no estaba siendo la persona que realmente quería ser, que sentía que era. Esa que de alguna manera estaba enterrada en lo profundo de mí, bajo capas y capas de miedos, inseguridades, desilusiones….

Hoy estoy feliz y orgullosa de la persona en la que me estoy convirtiendo. Y sobre todo, de haber iniciado en su día este camino inverso de vuelta al Ser que es para mí la vida. 

Y ello gracias a una decisión, casi juramento, que tomé hace muchos años, en un momento de gran cambio en mi vida. Antes incluso de iniciar mi camino de autoconocimiento y reinvención personal y profesional. 

Decisiones inconscientes

Debemos remontarnos a muchos años atrás para comprender el origen de la historia. 

Era un sábado cualquiera de agosto de 2009 y había salido de excursión familiar a la Laguna Negra de Soria. 

Me encontraba en un periodo de transición muy importante en mi vida y me sentía a la vez liberada, sola y desubicada. A la vez arrastraba una insatisfacción laboral que me provocaba ansiedad, frustración y ganas de desconectar de todo al salir del despacho. 

Sentía que había dejado de ser yo, que de alguna forma me había conformado y estaba tratando de encajar en un traje que no era el mío. Y la forma que tenía en aquél momento de volver a encontrarme o de sentirme yo misma era disfrutar de cada momento sin pensar en las consecuencias. 

Carpe diem.

Eso era lo que para mí en aquél momento significaba ser libre: hacer en cada momento lo que quisiera. Eso sí, dentro de mi escaso tiempo libre. El resto del tiempo obedecía a pies juntillas a mi jefe mientras odiaba mi trabajo. Así que en realidad estaba muy lejos de sentirme verdaderamente libre. 

El caso es que durante un tiempo me sirvió, y me hizo reencontrarme con la alegría de vivir, y de paso anestesiaba la frustración de tener un trabajo y una profesión que aborrecía. 

Dejé de cuidarme, dormía poco, comía mal, fumaba y bebía mucho….. 

La vida sedentaria que ya llevaba desde hacía años y los recientes excesos me estaban pasado factura y me encontraba en un pésimo estado físico.  

 

El catalizador del cambio

Y en esa deplorable forma física es como me planté aquélla mañana de agosto. 

Comenzamos a subir hacia la ruta de los picos de Urbión, donde nace el río Duero, y al poco tiempo ya empecé a sentir que me faltaba el aire, me pesaba todo y no podía con mi alma. 

Aún quedaba un buen trecho y me hubiera dado la vuelta si no fuera porque era la única y me hubiera quedado sola. 

Las piernas me flaqueaban, los pulmones apenas conseguían oxígeno y el culo me tiraba hacia abajo. 

De pronto vi cómo la madre septuagenaria de mi mejor amiga me adelantaba por la izquierda, ascendiendo ágil, ligera y sin ningún atisbo de esfuerzo en su rostro. Como si alguien le estuviera sosteniendo desde arriba y a mí me estuvieran amarrando hacia abajo. 

Y entonces lo sentí: ¿¿cómo puede ser que con 30 años me cueste mucho más subir una montaña que a una mujer de 70??

¿Cómo había llegado hasta ahí? 

 

No puedo más

 

No me reconocía. 

No me gustaba la persona en la que me había convertido. 

Me sentí tan mal conmigo misma, que en ese momento, a lo Scarlatta O´hara, lancé una promesa al universo: jamás volvería a estar en tan pésimo estado de forma. 

 

Nuevas decisiones conscientes, nuevos hábitos, nuevo Yo

A partir de entonces empecé a cuidarme más, a moverme más. Aún estaba muy perdida y tuve altos y bajos, avances y retrocesos, no tenía buenas estrategias, ni mis hábitos eran los mejores, pero esa promesa siempre estaba presente.

Gracias a mi trabajo personal con el tiempo me di cuenta de todo lo que me había llevado a aquélla situación, descubrí heridas profundas que me llevaban a conductas insanas, y comprendí por qué no estaba siendo la persona que me gustaría ser. Por qué, entre otras cosas, no tenía el estado físico que quería.

Poco después comencé mi proceso de reinvención, de sanación y transformación. Con el tiempo me reconcilié con mi pasado, y conseguí cambiar hábitos más alineados con lo que quería ver en mí y en mi vida, especialmente en relación con mi cuerpo y mi salud. 

El cambio y la evolución han formado parte de los últimos 10 años de mi vida. Dejé mi profesión, me  mudé de país varias veces y me convertí en madre. Y con tanto cambio y tantos frentes mi estado físico no siempre fuera prioritario. 

Fue en la recuperación del embarazo cuando comencé a priorizarlo. 

Yoga, caminatas, entrenamiento, alimentación equilibrada… Conseguí recuperar mi peso y sentirme más ligera, ágil y fuerte.

Tuve a mi hija con 40 años y la idea de no poder jugar con ella y seguir su ritmo me daba pavor, y esa fue una motivación aún más poderosa para ponerme en forma.

Sin embargo, aún había algo que me impedía estar al 100%:  un dolor casi constante en la zona lumbar que se agudizaba especialmente en los momentos más bajos a nivel emocional. 

Además, arrancar mi nuevo camino profesional me había llevado a un nivel de sedentarismo casi idéntico al que tenía cuando trabajaba en un oficina 9 horas al día. Todo mi foco estaba en hacer despegar ese proyecto a la vez que comenzaba mi maternidad.

De nuevo mi autocuidado quedaba relegado al banquillo. 

A medida que fue despegando mi proyecto y mi maternidad ya no me exigía tanto físicamente fui recuperando espacio para mí. 

Y a finales del año 2020, que para mí había sido el año de sentar nuevas estructuras, decidí que 2021 sería el año del cuerpo y mi estado físico

Me propuse una meta como “prueba del algodón” de mi estado físico: hacer la marcha Soria-Torreandaluz en 2022.  42 kilómetros caminando. 

 

Tus hábitos definen tu identidad

A partir de ese verano empecé a salir a caminar prácticamente todos los días durante al menos una hora, alternando con rutinas de yoga y entrenamientos de cardio y fuerza. 

Me di cuenta de que la disciplina es hija del propósito y el compromiso, y de que lo que antes era un sacrificio para un fin se había convertido en un fin en sí mismo,  del que disfrutaba un montón y no podía ni quería prescindir. 

Ese fue otro de los mayores aprendizajes de mi proceso de reinvención personal y profesional: los resultados llegan cuando no pones el foco en la meta sino en disfrutar del camino. 

Los avances en mi proceso personal y de sanación  emocional también ayudaron a sanar mi dolor crónico lumbar, y con ello a recuperar vitalidad y energía. 

Es como una espiral de transformación, en la que todas nuestras dimensiones física, emocional, mental y espiritual se entroncan y retroalimentan.

Tenía herramientas de autoconocimiento, desarrollo personal, gestión emocional… Trabajé con coaches, terapeutas, mentores…

Y gracias a mi despertar espiritual comencé a conectar con mi Ser esencial, con mi Yo profundo, Yo Superior, Yo Cuántico o como lo quieras llamar. Ese espacio de infinitas posibilidades más allá de lo visible o predecible. 

Y es que para mí el paso natural cuando comienzas un proceso de autoconocimiento y desarrollo personal es la conexión a un nivel más profundo.

Aún así, hay tantos caminos de crecimiento y evolución como personas en el mundo y un montón de herramientas y técnicas de  transformación personal donde elegir, pero nada funciona si no se hace el trabajo cada día

¿Qué trabajo?

El de dejar de auto engañarnos y echar balones fuera, el de responsabilizarnos de lo que no nos gusta en nuestra vida y empezar el cambio desde dentro. 

En todas nuestras dimensiones. 

A mí no me gustaba mi forma física, y aún así siempre relegué el asunto a un segundo plano contándome historias como que era algo secundario, que no tenía tiempo para cuidarme, que no podía cambiarlo…. 

Pero a medida que profundizaba en mi dimensión espiritual me di cuenta de que es todo lo contrario: el cuerpo no solo es el templo que habita el Ser, sino el vehículo para el lenguaje del alma, las emociones. 

Atendiendo y cuidando nuestro cuerpo cuidamos nuestras emociones, elevamos nuestro estado y podemos acceder más fácilmente a nuestro centro, esencia, Yo superior…. en definitiva a nuestra dimensión más divina.. 

En mi caso, además, sanar la relación con mi cuerpo me ha permitido empezar a honrarlo y cuidarlo, lo que a su vez me ha regalado dosis extra de autoconfianza y poder personal. 

Por no hablar de la cantidad de energía disponible que he liberado para dedicarla a mi familia, a mi negocio, a mis amigos.

Este año se daban todas las condiciones para poder hacer la tradicional marcha Soria-Torreandaluz, ya estábamos viviendo en España y por fin habían terminado las restricciones por la Covid-19. 

Así que decidí que era el momento. 

 

Los retos del camino

Después surgieron algunos inconvenientes de logística que dificultaron la ejecución y me hicieron dudar de si eran señales para abandonar mi propósito. Pero decidí verlos como obstáculos a superar y conseguimos superarlos. 

Pero lo que casi da al traste con la marcha fue una lesión en la zona lumbar a 5 días de la gran cita. 

En el entrenamiento del martes hice un mal giro y me dañé la zona lumbar, mi parte débil. Estuve 2 días sin apenas poder moverme, hasta que el reposo y una sesión con mi osteópata lograron lo que parecía imposible y el viernes por la tarde me encontraba perfecta.

Hubo momentos en los que pensé que no iba a poder hacer la marcha, y a diferencia del pasado decidí aceptarlo como viniera. Parafraseando a Nadal:

¿Tenía muchísimas ganas de hacerla? Sí.

¿Me iba la vida en ello? No. 

Ahí apliqué otro de mis grandes aprendizajes: deséalo con todas tus fuerzas pero no te apegues a ello. 

¿Y qué significa apegarse?

Pues tratar de controlar la situación y que todo salga como tú quieres, de manera que si no sale bien sufres y te sientes frustrada y desdichada.  

El antídoto al apego y el  control es  la aceptación. Es estar dispuesta a que pase lo que pase estará bien. 

Tener esa convicción interna de que todo es perfecto como es, y todo es como tiene que ser. 

Y esa convicción no es algo que surja de forma espontánea, es algo que hay que entrenar cada día. 

El caso es que, para mi sorpresa,  me resultó fácil aceptar que puede que no hiciera la marcha este año, y creo que justamente eso es lo que me dio el pase a ella. 

El viernes ya estaba mejor, y el sábado ni rastro del dolor.

-. Voy a disfrutar y llegaré hasta donde llegue.– Ese era mi planteamiento al comenzar a caminar todavía de noche.

Disfruté con la curiosidad y la inocencia de un niño, tuve momentos en los que creí que no lo conseguiría, pero mi mente ya estaba preparada para ello y me repetía una y otra vez que estaba en forma y que era más que capaz de acabarla.

Y así fue.

 

Reto superado

El regalo escondido de llegar a la meta: tu transformación personal.

 

Eran las 15:00 h de la tarde cuando atravesaba la línea de meta con una mezcla de alivio, alegría y sobre todo una gran satisfacción, que hizo que todo hubiera merecido la pena.

-. Me he quitado una espinita que tenía clavada muy profundo.- le dije a mi compi de camino con los ojos humedecidos y una enorme compasión por aquella Maite del pasado que todavía no sabía de lo que iba a ser capaz.

Para mí no fue solo una cuestión de forma física, sino de transformación personal. De identificar y transformar programas limitantes, patrones de conducta, emociones bloqueadas…  De acercarme cada día un poco más a la persona que quiero ser desde la esencia.

 

Los 5 pilares del cambio personal

Si en este momento estás sintiendo que necesitas cambiar algún aspecto de tu vida pero  no sabes por dónde empezar,  ten en cuenta los pilares del cambio:

 

1. Consciencia y responsabilidad personal

Pregúntate en qué área de tu vida no estás teniendo los resultados que quieres. A veces no nos damos cuenta hasta que salimos de nuestro escenario cotidiano y hacemos algo diferente, como subir una montaña, cambiar de trabajo, de situación sentimiental, de país… Otras veces es la realidad la que nos enfrenta a situaciones que nos hacen «despertar», como una enfermedad, la pérdida de un ser querido, un confinamiento…..

Sea como fuere, observa tu realidad cada día y responsabilízate de aquello que no te gusta. Cada vez que esperas que los demás cambien pregúntate qué tienes que cambiar tú; cuando evitas situaciones, pregúntate de qué huyes y qué toca en tí que quizá hay que sanar; si no te gusta tu trabajo, pregúntate por qué y  haz algo para cambiarlo.

Un cambio a nivel identidad requiere decisiones valientes y rompedoras que te lleven a conductas totalmente diferentes. Aquí no valen medias tintas.

El victimismo es lo opuesto a la responsabilidad personal, y el principal enemigo de la auto realización. Por eso, cambiar tu actitud es el primer paso para desbloquear tu vida. 

2. Claridad y propósito

Una vez que has identificado lo que tiene que cambiar es importante que tengas claro hacia dónde lo quieres hacer, qué quieres conseguir, y sobre todo para qué. Cuál es tu motivación profunda para iniciar ese proceso de cambio y reinvención.

En mi caso, primero fue sentirme mejor conmigo misma, pero la motivación más grande y que más me impulsó a un cambio de verdad fue mi hija. No soportaba la idea de no poder acompañarla y disfrutar de ella con vitalidad y energía durante el máximo tiempo posible.

Tener claro tu objetivo y tu propósito (más allá de los resultados inmediatos) te pone en marcha.

 

3.  Compromiso y perseverancia

Habrá momentos en que el camino se haga cuesta arriba y surjan dificultades y obstáculos (internos y externos). Uno de ellos que suele pasar desapercibido y que es uno de las mayores amenazas de la reinvención y el cambio personal es la impaciencia. Por eso, no solo hay que tener un firme compromiso con tu proceso, sino renovarlo día a día.

Cultivar la paciencia y la perseverancia será lo que te mantenga en marcha.

 

4.- Monitoriza  y celebra tus logros

Nuestro cerebro codifica la respuesta a los estímulos y busca más de aquello que nos hace sentir bien. Por eso, hemos de hacer hincapié en cada logro o reto superado en el proceso y celebrarlo. Así le estamos diciendo a nuestro cerebro que queremos más de eso, y pondrá el foco en desplegar todos los recursos a su alcance para conseguirlo.

No infravalores el poder de un buen y enérgico ¡Siiiiiii! o de un ¡toma! al estilo Nadal.

Además, hacerte consciente de tus avances y del camino recorrido te ayudará a no caer en la trampa del «no he avanzado nada». El ego tiene prisa, quieres todo ya y nunca tiene suficiente, dale argumentos para demostrarle que se equivoca y te librarás  de sus intentos de hacerte claudicar.

 

5. Suelta y confía

Aparte de querer controlar el proceso y el resultado, lo que más obstaculiza el cambio personal son todos aquellos programas inconscientes que nos retienen en el personaje que creemos ser.

Y es que si bien el alma busca crecimiento y realización, nuestro sistema nervioso busca la supervivencia, y esa contradicción es la que sabotea la mayoría de nuestras decisiones de cambio.

Tomar conciencia de cada momento en que el ego (sistema de supervivencia) está tomando el control y no dejarte llevar por él es clave para avanzar en la buena senda. Bajar de la mente al corazón y recuperar el foco y la serenidad a veces es tan fácil como cerrar los ojos y tomar unas respiraciones profundas.

Soltar expectativas, confiar en el proceso, y sobre todo disfrutarlo, es para mí una de las partes más difíciles de todo proceso de cambio, pero a la vez la más bonita. Y es que te conecta con tu parte divina, espiritual, cuántica… esa parte donde todo es posible, donde todo fluye y done ocurren los milagros.

Todo lo que sucede, conviene.

A veces no de la forma que nos gustaría. Pero te aseguro que si codificas tu mente para ver un aprendizaje u oportunidad en todo lo que te pasa y cambias el «por qué» por el «para qué» te empiezas a dar cuenta de que todo tiene su sentido y utilidad para tu proceso.

Y ahí es donde descubres que el regalo de todo proceso de cambio es tu crecimiento y evolución personal y espiritual.

 

Mi propuesta para tí y una invitación

En el mundo del desarrollo personal y espiritual se habla mucho del poder de la aceptación y el desapego, pero no eres consciente de hasta qué punto lo es hasta que no lo experimentas. 

Te animo a que practiques la aceptación cada día, a que pruebes a soltar el control en tu día a día, empezando por pequeños gestos. 

¿Qué intentas controlar en tu vida cotidiana? 

¿Que no llueva, que no haya atasco, que me quieran como quiero que me quieran…?

¿Qué conductas automáticas te alejan de la persona que quieres ser? 

Empieza por pequeñas cosas y verás cómo cuando llegue el momento de dar un paso importante en tu vida o en tu profesión lo harás con más confianza y serenidad, sabiendo que pase lo que pase estará bien. Aprenderás a ver y crear oportunidades en lugar de bloquearte por los miedos. 

¿Y si dejo mi trabajo y no consigo ingresos para vivir? ¿Y si no descubro a qué dedicarme? ¿Y si fracaso? 

Cuando soltamos el control salimos del miedo, y cuando salimos del miedo vibramos en la frecuencia de los milagros.

Así lo he vivido y así quería contártelo, como siempre por si te sirve.

Me encantará leerte en los comentarios.

Y por cierto, en el retiro Litha del 24 al 26 de Junio vamos a tener una cita con nosotras mismas para hacernos preguntas como esta, para conectar con nuestro Ser, detectar  y resolver conflictos internos, soltar lo que ya no nos sirve y abrirnos a lo nuevo que está por llegar.

Un fin de semana en la naturaleza mágica soriana, de conexión, crecimiento y disfrute en grupo, aprovechando la potente energía del solsticio de verano. Y por supuesto, divirtiéndonos.

Y después, 3 meses de acompañamiento para integrar y materializar los cambios vividos.

Si quieres regalarte una cita contigo para ganar claridad, elevar tu energía y darle un empujón a tu proyecto vital y/o profesional échale un vistazo a la información del retiro.

 

Una cita contigo

Retiro LItha

Ejemplo ejemplo
maite@caminoinverso.com

Mujer, madre, emprendedora, coach, blogger, mentora. Quiero ser el camino inverso que quiero ver en el mundo. Te ayudo a reescribir tu historia, a reinventarte personal o profesionalmente, para que empieces a vivir una vida plena, consciente y con sentido, en la que realización personal y profesional van de la mano. Creo en el poder transformador de las pequeñas acciones cotidianas y en el miedo como motor de cambio y crecimiento.

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