El mejor año de mi vida: el año en que nací dos veces.

Hace justo un año, en 2016, estaba preparando mi tercera mudanza internacional. Después de dos años y medio dejábamos Frankfurt y nos trasladábamos a un pequeño pueblo del sur de Holanda. Lua estaba a punto de cumplir 6 meses y Camino Inverso estaba dando sus primeros pasos…

Pero en este artículo no os voy a hablar de lo que pasó después, sino de lo que pasó unos meses antes, en 2016.  Y es que aunque empecé escribiendo este artículo sobre 2017, algo me ha llevado a escribir sobre el año anterior.

Y como ya sabéis que lo que me sale me sale ahí va mi resumen de lo que fue para mí 2016.  Como siempre a corazón abierto y sin censuras, que es como realmente puede servir esto de algo.

Que lo disfrutes.

CUANDO AL FIN DESCUBRÍ MI CAMINO

2016 fue un año lleno de trabajo, emociones, sueños cumplidos, ojeras y noches sin dormir. Pero sobre todo un año lleno de amor y grandes aprendizajes. El mejor año de mi vida.

Un año en el que por fin había encontrado lo que llevaba buscando tanto tiempo. No solo encontré mi propio camino, sino que después de mucho tiempo intentándolo, me convertí en madre por primera vez.

Fue como nacer dos veces en un mismo año: renací por dentro y nací como madre. Porque cuando das a luz no solo nace un hijo, también nace una madre.

[Tweet “Con el parto no solo nace un hijo, también nace una madre”]

Lo curioso es que, aunque se nos dice que ser madre es un motivo de sobra para que una se sienta realizada y feliz, por aquél entonces yo no me sentía así.

Acababa, por fin, de descubrir mi camino, mi misión, aquello que me apasionaba hacer y a lo que quería dedicar mi vida. Y como todos los comienzos, requería mucho trabajo, esfuerzo, entrega y dedicación. Lo que no parecía muy compatible con mi recién estrenado papel de madre primeriza, en el extranjero y lejos de mi familia.

Recuerdo que fue durante el segundo trimestre del embarazo cuando por fin vi clara mi misión, aquello que había venido a hacer a este mundo, a lo que me quería dedicar de ahora en adelante.

Dicen que el segundo trimestre de embarazo es el que más se disfruta, porque desaparecen las náuseas y el malestar de las primeras semanas, también se supera la época de mayor riesgo para el desarrollo del feto y una se encuentra más enérgica y creativa que nunca. Y así fue. 

Me sentía estupenda, pletórica, y más “yo” que nunca. Y supongo que eso tuvo mucho que ver con la conexión que alcancé conmigo misma y con mi propósito, misión, talento, vocación o como quieras llamarlo.

Siempre he sentido que había venido a este mundo para ayudar a los demás. Pero después de muchos años de intentarlo con la toga, me di cuenta de que hacerlo desde los tribunales no era lo mío. 

Me estaba convirtiendo en alguien muy distinto a quien yo era de verdad, traicionando a menudo mis valores y persiguiendo objetivos que no eran realmente los míos. El mundo de la abogacía en general me resultaba muy ajeno, inhóspito, y me impedía desarrollar mis verdaderas capacidades y talentos. 

Llevaba mucho tiempo sintiéndome frustrada, vacía, agotada y eso influía en todas las áreas de mi vida. En definitiva, estaba en el camino equivocado.

Después de mucho buscar, mucho probar y mucho conocerme, por fin en 2016 me di cuenta que lo mío era ayudar a las personas comunicando, inspirando, desde mi experiencia y aprendizajes,  a encontrar ese camino que nos reconecta con nuestra esencia y nos permite dar lo mejor de nosotros mismos desde la coherencia de quien somos realmente. 

Y así surgió la idea de Camino Inverso. Ese camino desde el exterior al interior, dejando de buscar fuera (en un trabajo, una persona, un lugar, etc) para empezar a buscar dentro de nosotros.

Quería contar al mundo mi experiencia, quería ayudar a otras personas a “despertar”, quería que supieran que todo lo que necesitamos ya está dentro de nosotros. Quería ser ese camino inverso que buscaba ver en el mundo.  

[Tweet “Todo lo que necesitas ya está dentro de tí. Solo tienes que descubrirlo.”]

Mi creatividad fluía como nunca y tenía una energía desbordante. Estaba entusiasmada con el lanzamiento del blog, trabajando en el contenido, el diseño, la promoción, etc. aprendiendo un montón de cosas que me fascinaban… al fin me sentía identificada con el proyecto que estaba creando y quería contarlo a los cuatro vientos.

Mi cabeza era un hervidero de ideas y me sentía en estado de inspiración constante.

LAS DOS CARAS DE LA MATERNIDAD

Cuando Lua vino al mundo viví una de las experiencias más bonitas de mi vida. Al fin todo cobraba sentido. Había cumplido un sueño y estaba a punto de cumplir otro.

Pero también fue una de las experiencias más duras. Dar a luz en un hospital alemán, lejos de mi familia,  más de dos horas separadas de mi recién nacida antes del primer contacto, los puntos, la fiebre, la no subida de la leche…

Aún así, aquellos primeros días estaba exultante de felicidad, cada vez que miraba su carita arrugada, cada vez que la acercaba a mi pecho y notaba su piel con la mía, cada vez que su padre me acomodaba la almohada para comer… Nunca me he sentido tan plena y llena de amor.

Muy diferente fue cuando dejamos la seguridad del hospital, donde todo el mundo te ayudaba, te cuidaba y te guiaba, y me encontré de pronto en casa con mi recién nacida, sin el apoyo de todo el personal sanitario que tanto nos habían cuidado a mí y a mi bebita, sin saber cómo conseguir  que mamara, con dolores en el vientre, en el pecho, en la herida, sin dormir más de 2 horas seguidas…

Pero lo más duro fue cuando me sobrevino una trágico sentimiento de que mi vida, tal como la había vivido hasta ahora, había acabado para siempre. Cuando me di cuenta de que ya nunca volvería a tener tiempo para mí misma porque mi nena me necesitaba las 24 horas del día.

Nadie me advirtió sobre esto, nadie me dijo que iba a sentirme así. Y sin embargo cuando lo contaba a familiares y amigas cercanas me confesaron que a todas les había pasado. ¿Por qué no se habla de ello? ¿Por qué nos invade la culpa por sentirnos así?

No puedo dejar de plantear esta cuestión, porque hay muchas madres que seguro están pasando por esto y no reciben el apoyo y la comprensión que se merecen.

Afortunadamente yo sí lo tuve, y creo que eso me libró de caer en una profunda depresión.

CUANDO UN SUEÑO POR CUMPLIR TE IMPIDE DISFRUTAR DE UN SUEÑO CUMPLIDO

Los días pasaron, y poco a poco me fui acostumbrando a la nueva situación. Los puntos iban cicatrizando, Lua crecía sana y feliz, y dar el pecho cada vez era  menos tortuoso.

Así que llegó el momento de retomar mi blog, mi proyecto. Sentía la necesidad de seguir trabajando en ello.

Pero los días se me quedaban cortos, y aunque aprovechaba cada siesta de Lua para trabajar, no avanzaba al ritmo que yo quería.

Me fui dejando llevar por ese entusiasmo desbordante, ese ansia por trabajar. ¡Por fin disfrutaba trabajando! Para mí no era trabajo, era placer.

Hasta que sin darme cuenta dejé de disfrutar de mi peque, cuando estaba con ella solo podía pensar en todas las ideas que me venían y las cosas que quería hacer, escribir un artículo, grabar un vídeo, empezar aquél curso, participar en una charla, aprender, aprender, aprender.

Incluso enfurecía cuando Lua se despertaba antes de las siestas, porque eso interrumpía mi ritmo de trabajo.

Suena fuerte, y lo es. Pero no me avergüenza reconocerlo. Y lo hago desde mi más completa vulnerabilidad y con total honestidad, porque se que no soy la única que ha pasado y pasará por ello, y porque ya está bien de pretender que no sentimos cosas “feas” o “socialmente reprochables”.

Sentimos lo que sentimos, punto. Lo que importa es lo que hacemos con ello. Lo importante son las decisiones que tomamos cuando sentimos esas emociones y decidimos adueñamos de ellas.

[Tweet “No se trata de esconder o negar las emociones, sino de adueñarnos de ellas. “]

El caso es que un día me vi a mí misma reprochándole a aquél diminuto ser indefenso que  se hubiera despertado y reclamara la presencia de su madre, o sea yo.

Aquello fue como un bofetón en la cara. De repente fue como si despertara y me diera cuenta de que yo era su madre, de que esa bebita indefensa dependía total y absolutamente de mí para vivir. Me necesitaba. Su vida dependía literalmente de mí.

¿Cómo podía comportarme así? ¿Cómo podía ser tan egoísta? Lua había sido un sueño perseguido durante mucho tiempo. Había pasado por dos embarazos frustrados  en los últimos años y acababa de cumplir los 40, así que realmente había sido un auténtico milagro para mí. 

Pero ¿en qué momento dejé de verlo así?

Mientras estos pensamientos se agolpaban en mi cabeza cogí  a mi pequeña, la abracé, la besé, lloré, le di las gracias por haberme elegido como madre y le juré no volver a dejarla en segundo lugar por nada ni por nadie.

Aquello me hizo reflexionar mucho. No sólo acerca del lado oscuro de la maternidad que nadie nos cuenta, sino sobre lo poco que valoramos aquello que conseguimos, de lo efímero del éxito, en general.

Cuando llevamos mucho tiempo persiguiendo un sueño y por fin se cumple, en seguida lo desvaloramos y buscamos  un nuevo sueño que perseguir.  Lo que habíamos conseguido después de tanto esfuerzo pasa al rincón de las cosas que damos por sentado en nuestra vida. Y dejamos de valorarlas.

Como cuando descorchamos una botella de champán en Nochevieja, justo después de las campanadas. Ese momento previo es excitante, nos llena de alegría, esperanza y éxtasis porque celebramos que algo nuevo está por venir, que en el nuevo año al fin conquistaremos nuestros sueños.

Sin embargo, después del sorbo de rigor, nos desinflamos y volvemos a sentirnos como antes. Con los mismos anhelos, los mismos miedos, las mismas insatisfacciones. Entre otras cosas, porque no pasamos a la acción y nuestra motivación desaparece igual que las burbujas Freixenet.

A diferencia de los sueños y promesas que repetimos cada día de Año Nuevo, mi sueño sí se había cumplido, y había llegado para quedarse.

Sin embargo, pasada la euforia de los primeros días desde que llegó Lua no me sentía como se supone que me tenía que sentir. Tenía la sensación de que yo había dejado de existir, y de que tendría que renunciar a mi otro sueño de dedicarme a lo que realmente me apasiona.

Ahora entiendo que, en aquél momento, el blog y mi proyecto profesional eran para mí mucho más que otro sueño por cumplir.

Era mi particular manera de reivindicar mi individualidad, mi espacio, mi identidad, de satisfacer mis necesidades como mujer, como persona. Era madre sí, pero también muchas otras cosas. Y esa era mi forma de defenderlo.

Fue un gran y duro aprendizaje.

No sabía cómo manejar esos sentimientos encontrados. Incluso pensé en abandonar mi proyecto o al menos posponerlo hasta que Lua fuera más mayor.

Afortunadamente no lo hice.

LA IMPORTANCIA DE TENER ALTOS ESTÁNDARES Y CERO  EXPECTATIVAS

Me di cuenta de que buscar mi desarrollo personal y profesional no solo era compatible con mi papel de madre y totalmente lícito, sino que incluso era beneficioso para las dos.

Lua no tendría una madre frustrada, ni sería el blanco de sus reproches por haber renunciado a un sueño. Y al mismo tiempo habría muchos más momentos de calidad entre las dos.

Decidí que, para el nuevo año, buscaría una guardería para llevar a Lua varias horas al día, y mientras ella estuviera en la guarde, jugando y relacionándose con otros niños,  yo me dedicaría a mi proyecto y me organizaría bien para aprovechar el tiempo a tope.

Así cuando estuviera con Lua, estaría cien por cien presente en cuerpo y alma para ella.

Me costó llegar a este “acuerdo”, y tengo que reconocer que no lo hice sola. Hubo un momento en que me sentía perdida en la gestión de esta situación, y tuve que pedir ayuda.

Bendita la hora.

Desde que tomé esa decisión y pude llevarla a cabo me sentía mucho más cerca de Lua, más segura en mi papel de madre, disfrutaba más de ella y ella de mi. Gestionaba mucho mejor mis emociones y nunca dejaba que un mal día o un contratiempo le acabara salpicando a ella.

Eso era sagrado y no negociable. Ese sería mi nuevo estándar en mi relación con Lua: presencia total y absoluta. El tiempo que tenga para mi proyecto lo aprovecharé al máximo, pero el tiempo que esté con ella cerraré  el ordenador, apagaré el móvil y no dejaré que mis problemas y deseos le afecten lo más mínimo a ella.

Al mismo tiempo decidí dejar de poner expectativas en ella, dejar de esperar que durmiera cuando tenía que dormir – o cuando yo quisiera que durmiera- que “no diera guerra”, etc.

Esta parte me costaba especialmente, porque siempre aprovecho sus siestas para trabajar un poco, pero  lo que hago ahora es dedicar esos momentos a tareas que no requieren mucho tiempo o concentración y pueden ser interrumpidas y retomadas en cualquier momento (contestar correos, promo en RRSS, avanzar con un curso, etc.).

Con ello he conseguido una mejor relación entre las dos, disfrutar más de ella (y ella de mí), y que ambas estemos más tranquilas. Pero además he comprobado que justo después de pasar tiempo de calidad con ella, cuando vuelvo a trabajar mi creatividad y claridad suben como la espuma.  ¡Todo son beneficios!

A partir de ahí continué -y continúo- construyendo mi sueño: dedicarme a lo que me apasiona. Y hacerlo de forma que me permita disfrutar de mi familia,  tener tiempo para ella y sobre todo para mi pequeña, que es la que ahora más me necesita.

Y con ese acuerdo comencé 2017.

CUANDO EL COACHING ESTRATÉGICO LLEGÓ A MI VIDA

Pero volvamos a 2016.

Por fin había lanzado el blog, después de un par de retrasos obligados (ahora ya sabéis por qué) a finales de Octubre de 2016, y con bastante buena acogida. 

Había empezado a darme a conocer, a publicar artículos,  y a recibir comentarios de personas que me decían lo mucho que se identificaban conmigo y con lo que contaba, y me agradecían que compartiera y contara mi historia porque les ayudaba a comprender mejor la suya.

Para mí eso ya era un auténtico éxito. Si había ayudado a una sola persona a tomar alguna acción para mejorar su vida todo había merecido la pena.

Pero aún quedaba mucho por hacer. Eso solo era el principio.

Casi por esas fechas me topé con el Coaching Estratégico, y entonces todo empezó a cobrar más sentido aún.

¿Y si mi misión no solo era comunicar e inspirar, sino también escuchar y acompañar?

Decidí abrir esa puerta que la vida puso en mi camino y que tanto me llamaba. Los fundamentos y herramientas del Coaching Estratégico completaban a la perfección mi formación en desarrollo personal, inteligencia emocional y autoconocimiento.

Era una herramienta estupenda para ayudar a la gente desde mi experiencia vital. Así que empecé a formarme, a aplicar el Coaching Estratégico en mí misma, y todo lo que iba descubriendo, los cambios que iba experimentando en mi vida eran simplemente impresionantes.

¡Tenía que compartirlo con el mundo!

Todo iba cobrando sentido, las piezas iban encajando y cada vez me sentía más a gusto con mi papel de madre emprendedora y de coach.

Y entonces la vida volvió a ponerme a prueba

Nueva mudanza, nuevo país, nuevo idioma, nueva casa…. 

Había aprendido lecciones valiosísimas, pero era el momento de seguir aprendiendo, de seguir creciendo. 

Así acabé 2016, el año que nací dos veces, con una nueva identidad, nuevos estándares en mi papel de madre emprendedora, nuevos proyectos profesionales, nuevos retos y una nueva mudanza internacional por delante.

 

PROXIMAMENTE…

En el siguiente artículo haré balance, ya sí, de este año 2017, pero me apetecía contar cómo había vivido el gran año de mi vida, el 2016, el año en que nació Lua, nació Camino Inverso, y yo nací dos veces.

Y tú ¿has sentido alguna vez que un sueño por cumplir te ha impedido disfrutar de un sueño cumplido? ¿Has sentido emociones incómodas o desagradables de las que te has avergonzado? ¿Cual ha sido tu gran año?

Me encantaría conocer tus impresiones ¿me cuentas en los comentarios?

Maite Gómez
maite@caminoinverso.com

Un día descubrí que mi vida podía ser lo que yo quisiera, solo tenía que buscar en el sitio adecuado. Desde entonces mi misión es ayudar a otras personas a transformar su vida desde dentro, ser el catalizador de su poder interior. Quiero ser ese Camino Inverso que quiero ver en el mundo.

15 Comments
  • Eva
    Posted at 11:58h, 08 diciembre Responder

    La ventaja de ser mujer es que tenemos la cualidad de poder hacer varias cosas a la vez y todas muy bien hechas! y eso se consigue por qué sabemos organizarnos. Celebro que hayas conseguido gestionar mejor tu tiempo para dar entrega total en ambas situaciones.
    Yo estoy aprendiendo a hacerlo.
    Cuando estoy con mis hijos siempre caigo en la tentación de seguir trabajando dejándolos un poco de lado😬 Y luego me viene la culpa.

    • Maite Gómez
      Posted at 12:54h, 08 diciembre Responder

      Hola Eva,

      eso de la multitarea femenina es un mito que habría que matizar, porque a veces es verdad que queremos llegar a todo y parece que lo conseguimos, pero como dice el dicho “quien mucho abarca, poco aprieta” y no conseguimos el mismo nivel de calidad en todo lo que hacemos, cuidado de nuestros retoños incluído. Además de que no es sostenible en el tiempo y por eso muchas veces “explotamos”.

      Lo que es un hecho es que cuando eres madre aprendes a organizarte mejor y a optimizar mucho más el tiempo. Es cuestión de aprendizajes, de práctica y de no morir en el intento de compatibilizar tu maternidad con tu desarrollo personal y profesional.

      Yo también me sentía culpable, y precisamente por eso tomé la determinación de no dejar que el trabajo me restara el tiempo y la atención que mi peque se merece.

      Esa es la labor de la culpa: hacer que revisemos de dónde viene esa culpa, si realmente hay motivos para sentirnos culpables y si es así buscar maneras de corregir la situación, tomar nuevas decisiones. Obviamente no somos perfectas, y habrá momentos que nos cueste mucho más e incluso que caigamos en la tentación de seguir trabajando, pero lo importante es ser conscientes de ello y no dejar que nos invada la mayor parte del tiempo.

      Me alegro que estés aprendiendo a compatibilizar tus dos facetas, ¡sigue así!

      Muchas gracias por pasarte a comentar y un abrazo grande!

  • Belén
    Posted at 13:48h, 08 diciembre Responder

    Hola Maite:
    Me ha emocionado tu artículo. Me siento totalmente identificada con lo que dices.
    Yo todavía lucho contra esos sentimientos encontrados: la responsabilidad de la maternidad y la responsabilidad con tus propios objetivos y realización personal.
    Es complicado. En mi caso la maternidad fue la que me puso los pies en el suelo y la que me llevó a mirar hacia dentro para ver quién realmente yo era. Y en ese momento resulta que tienes que posponerlo porque hay una criaturitas que necesitan de tí al 100%.
    Llevo un par de años pensando en mis proyectos y haciendo cosas, pero sin un foco claro. Ahora que mi mellizos tienen 7 y mi pequeña 4 es que estoy empezando a tener la sensación de cierto control del tiempo. Mucha organización, sí, pero aún así cuesta.
    Enhorabuena por tu proyecto.
    Tengo por ahí tu ebook, me lo descargué pero no lo he leído. Pero lo voy a hacer ya porque quisiera también encontrar el camino inverso, o al menos no hacerlo sola 🙂
    Un abrazo
    Belén
    PD: Te he visto en el curso de Isa y Juanmi 😉

    • Maite Gómez
      Posted at 14:20h, 08 diciembre Responder

      Hola Belén!

      Sí que es complicado, pero para quienes decidimos ir a por nuestros sueños y no conformarnos es un reto más del que aprender 😉

      A mí también me descolocó el hecho de que justo cuando más claro tenía mi camino y hacia donde quería encauzar mi nuevo rumbo profesional fuera en el momento en que menos tiempo tenía para mí. Pero luego me di cuenta que todo tiene su sentido, y que la vida no nos da lo que queremos, sino lo que necesitamos en cada momento. Yo en ese momento necesitaba aprender de mi gran maestra, mi hija. Me está enseñando tantas cosas! Aprendí, por ejemplo, a conectar con mi niña interior, y ello a su vez me permitió sanar mi herida y ser capaz de amar más profundamente. ¿Te das cuenta? Todo viene por algo. Así que hay que estar bien atenta a lo que nos pasa en cada momento y preguntarnos ¿para qué me pasa esto ahora? en lugar del victimista ¿por qué?.

      En cuanto a la falta de tiempo, es cierto que es difícil de llevar, pero también me he dado cuenta de que cuando tienes una visión clara de hacia dónde ir, dejas de tener urgencia, vas avanzando a tu ritmo y sin dejar de disfrutar por el camino, lo que para mí es fundamental. Por eso quizá te cueste avanzar en tus proyectos, porque antes necesitas saber dónde estás y hacia dónde quieres ir, o sea, tener un foco claro, como bien dices.

      Te animo a investigar por ahí, a empezar a conocerte más, a permitir salir eso que tienes dentro, porque en el momento en que lo hagas no habrá quien te pare. Así que me alegro de que te animes a hacerlo, empezando por el ebook ¡enhorabuena valiente!

      Aquí estoy para lo que necesites guapa.

      Un abrazo fuerte!

  • Lucia Celis
    Posted at 17:54h, 08 diciembre Responder

    Somos creadores de lo que construimos, si lo que construimos realmente es benefactor y esto es aplicable a hombres y a mujeres. Entonces somos madres y padres de muchas cosas.

    Y es alucinante lo identificada que me he sentido con todo lo que perfectamente has descrito, porque una de las cosas que he tenido que aprender es a decir “No” mil veces, a muchas personas, y a la persona que mas amo. Un día, hace poco, le conté la historia de Van Gogh, pintó hasta 3000 obras de su arte y sólo su hermano era capaz de reconocerlo a él y a su arte. Mamá, ¿tú te imaginas que duro sería para Van Gogh que le dieran por loco y por inútil y que le dijeran que trabajara en algo en lo que su alma no quería? Van Gogh murió en extrañas circunstancias a los 33, sin que nadie le reconociera su arte. Artista postumo. ¿Se puede ser mas macabros con un artista? Lloré explicándole que lo que ella quiere para mi, no es lo que yo quiero para mi. Ella quiere ver resultados económicos y verme feliz. Feliz lo soy haciendo lo que debo aunque los resultados económicos aún no hayan llegado. “Era mi particular manera de reivindicar mi individualidad, mi espacio, mi identidad, de satisfacer mis necesidades como mujer, como persona.

    “””Era hija, ex-trabajadora para la seguridad social, exnovia, expatriada del sistema””” sí, pero también muchas otras cosas. Y esa era mi forma de defenderlo”.

    ¿Que te estoy intentando transmitir con esto, Maite? que aunque no sea madre de una personita, me he sentido tremendamente identificada, que me ha encantado esta experiencia completamente viviencial que he sentido a través de tu magia, de tu entereza, y de lo que construyes.

    Lo estás haciendo muy bien.
    Lo estamos haciendo muy bien.

    Bendito es Camino Inverso y todos los que somos madres y padres de lo que construimos para dejar a las personas(en cuanto a lo que si depende de nosotros), y al mundo, mejor que como nos lo encontramos. Al menos la parcelita que podamos y con una web, pues ancho es castilla, si se animan en la difusión de contenido del que suma, mas parcelita de la buena.

    • Maite Gómez
      Posted at 19:47h, 08 diciembre Responder

      Qué bueno Lucía!

      no sabes lo que me ha gustado leer tu comentario, porque como decía en mi newsletter de hoy “somos espejos” y con este post buscaba precisamente eso: ser espejo de otras madres que hubieran pasado o estuvieran pasado por lo mismo yo, y que no se sintieran solas, ni raras ni incomprendidas, ni culpables..

      Así que imagínate lo que me ha molado ver que tú, que no eres “madre de una personita” te hayas visto reflejada, y sobre todo que compartas conmigo, y con el mundo, tu propia reivindicación de tu identidad.

      Al final da igual si somos madres o no, si somos emprendedores o no, porque las emociones que sentimos son universales, y las circunstancias de cada uno, que parecen tan diferentes, al final no importan tanto como lo que todos buscamos, que no es otra cosa que amor, amor a nosotros mismos, amor de los demás, amor a nuestra profesión, amor a la vida.

      Mil gracias bella Lucía por tus palabras, por tu autenticidad, por tu coraje, por no renunciar y seguir tu propio camino pese a las adversidades.

      ¡Claro que lo estamos haciendo bien! Desde el mismo momento que hacemos lo que amamos, y somos lo que somos, sin máscaras ni vergüenzas, sin miedo al miedo.

      Seguimos caminando!

      Muaaaaa

  • Tony Pérez
    Posted at 22:33h, 08 diciembre Responder

    Ay nuestros hijos Maite…

    Nuestros grandes maestros, sacan lo mejor y lo peor de nosotros.
    Esos momentos de frustración donde nos molesta hasta que nos pidan agua mientras estamos con la cabeza en mil cosas, pobres…
    Nuestras ilusiones, expectativas, deseos, recaen sobre ellos, están pagando un artículo que no han comprado, estamos metiendo piedras en su mochila que no son suyas, pero es normal, tampoco tenemos que martirizarnos y si darnos cuenta, e intentar que sean niños, que disfruten y ya.

    La vida ya les irá poniendo sus propias pruebas. Y nostros seguiremos con las nuestras junto a ellos SIEMPRE.

    Muchas gracias por las reflexiones Maite.

    Un besazo amiga.

    • Maite Gómez
      Posted at 22:47h, 08 diciembre Responder

      Hola Tony!

      leyéndote me ha venido a la cabeza aquella frase de Confucio: “me lo contaron y lo olvidé, lo vi y lo entendí, lo hice y lo aprendí”, porque justo eso es lo que me pasó con la maternidad. Por mucho que te cuente, que lo veas en tu familia, hasta que no lo experimentas no sabes lo que es, no aprendes, ¡y vaya si lo aprendes!

      No somos perfectos, y como padres mucho menos, pero lo importante como dices es ser conscientes de ello y no martirizarnos por no sentirnos como se supone que nos debiéramos sentir, o por no actuar como nos gustaría actuar. Una vez más, la clave está en darse cuenta en cada momento y rectificar, actuar con honestidad, con compasión y coraje, mucho coraje. Porque el territorio comanche de la maternidad/paternidad requiere de muuuucho coraje 😉

      Mil gracias por pasarte por aquí y un besazo gordo amigo.

  • Ana Escudero
    Posted at 09:55h, 09 diciembre Responder

    Hola Maite!! Qué post más bonito, auténtico, emocionante y real como la vida misma. Y es cierto, hay cosas de la maternidad/paternidad que no nos dicen y que vamos descubriendo por el camino. Nuestros hijos se convierten sin saberlo en grandes maestros para nosotros. Para vivir la maternidad sin olvidarnos de nosotras, qué importante es estar dispuesta a parar y reflexionar, a mirarse dentro, a aprender, a cuestionar y cuestionarse, a escuchar nuestras emociones y mirar más allá de la sensación. Estoy segura de que contar tu vivencia emprendiendo en una etapa tan importante para la vida de una mamá cómo es el embarazo y los primeos meses de tu bebé, puede ayudar a muchas, muchas mamás. Yo emprendí cuando mi hija era algo mayor pero como madre emprendedora hay emociones comunes que no cambian, la dificultad de estar presente y no pensar en lo que podíamos estar haciendo, la culpabilidad, sentirse insuficiente o egoista, y otras. Como bien dices, somos más que madres y llegar a disfrutar plenamente, crecer y mejorar en todas nuestras facetas es el mayor logro de todos. Seguiremos aprendiendo, autoconociéndonos y disfrutando del maravilloso camino del emprendimiento y la maternidad porque sabemos que es posible, difícil a veces, pero posible. Un besazo enorme! 😘

    • Maite Gómez
      Posted at 10:59h, 09 diciembre Responder

      Hola Ana!

      has dado en el clavo: “estar dispuesta a parar y reflexionar, a mirarse dentro, a aprender, a cuestionar y cuestionarse, a escuchar nuestras emociones y mirar más allá”. Yo me propuse ser una madre consciente, y así como un decidí salir del piloto automático, y tomar las riendas de mi vida personal y profesional no podía ser menos en mi faceta de madre. No es fácil, requiere mucha energía, mucha humildad y mucho escuchar y escucharse. Cuando escuchas desde el corazón y sin corazas las respuestas vienen más rápido y son más claras ¿a que si?

      Ese sentimiento de culpabilidad que tenemos las madres no se si llega a desaparecer en algún momento, pero creo que es algo que “aprendemos” de nuestra sociedad, y como toda creencia aprendida debemos cuestionarla, analizarla y re enfocarla para que nos ayude a crecer y no a hundirnos más.

      Seguiremos aprendiendo, claro que sí, ¿qué es la vida sino un viaje de aprendizaje continuo? 😉

      Gracias por pasarte por aquí y reflexionar conmigo, ¡me encantan tus reflexiones!

      ¡Un besazo!

  • Ninett
    Posted at 09:42h, 10 diciembre Responder

    Me ha gustado muchísimo tu artículo. Sabes… yo no soy madre y cuando no se es madre se ve una perspectiva a veces no muy buena de esas madres abnegadas… o coraje… y reconocer esa parte oscura no solo de una maternidad Simó de nosotros mismos me ya gustado mucho. Soy abanderada de decir lo que realemejte sebtimos o pensamos y lo de ser políticamente correctos ya no pasarlo de moda. Además tú enteresa y ese crecimiento te han permitido ver otras oportunidades… para poder gestionar tu tiempo.
    Uno de mis sueños sigue siendo también tener un hijo aún así el sueño que estoy viviendo de sentirme segura independiente y autónoma aunque aún no me haya permitido llegar a esa meta … es el camino indudablemente inverso que debo tomar para el crecimiento y sobre todo independencia. Muchos éxitos y por supuesto a LÚA … un beso de mi parte aún recuerdo cuando nació y le hice una tarjeta especial …. aiiiins … un besazo y un fuerte abrazo se que llegarás a muchas personas. 😊❤️

    • Maite Gómez
      Posted at 11:45h, 10 diciembre Responder

      Hola Ninette!

      Qué ilusión verte por aquí! Fuiste una de las primeras personas que conocí cuando comencé mi periplo bloguero 😉 Aún recuerdo aquéllos comentarios tuyos en el curso de Angel Alegre y tu maravilloso proyecto y pensaba “madre mía, ¿algún día podré tener algo así? Luego esos vídeos con Lucía, esa complicidad…. Sin duda también formáis parte de Camino Inverso, de esa familia que tanto me ayudó en en los inicios, justo en esos días de los que hablo en el post.

      Y fíjate dónde nos ha llevado la vida ahora. Admiro tu valentía, tu tesón y tu coherencia por ir hacia donde te lleva tu corazón. ¿Que hay que volver a empezar de cero? Se empieza. Y siempre desde tu autenticidad, sin máscaras, sin pensar lo que dirán los demás.Todo por un sueño, tu sueño. ¡Enhorabuena!

      Estoy segura de que conseguirás todo lo que te propongas, incluido ser madre. Así que nunca dejes de creer en tus sueños, porque ya sabes que se cumplen 😉

      Me había olvidado de aquella tarjeta! Qué cosas más bonitas hacías guapa. Espero verte algún día de vuelta por la blogoesfera, que estoy segura que vas a ayudar a un montón de personas con tu ejemplo y experiencia.

      ¡Un abrazo inmenso preciosita! 😉

  • Eduardo Llamazares
    Posted at 20:59h, 12 diciembre Responder

    Hola Maite!
    Tenía pendiente leer tu post, y menos mal que no se me pasó! Cuánta vulnerabilidad de la buena, de la que nos hace reflexionar y replantearnos expectativas, estándares… No sé si me puedo imaginar lo que es emprender un proyecto como el tuyo y el mío, y ser madre a la vez. Nuestra mente tiene demasiada información de creencias sociales, familiares, expectativas.., que es muy fácil que nos bloquee en situaciones como la que viviste ese gran año. Te admiro por compartir estas reflexiones tan sinceras y que demuestran tanto crecimiento interior. Y lo más importante, que nos motivas a crecer a los que te leemos. Gracias!!
    Un abrazo,
    Eduardo.

    • Maite Gómez
      Posted at 12:36h, 13 diciembre Responder

      Hola Edu!

      al final todos tenemos pruebas y retos que superar, situaciones que nos bloquean, nos hacen dudar, destartalan nuestro mundo. Ya sea la maternidad, la pérdida de un ser querido, una crisis personal… las circunstancias son infinitas pero las emociones que provocan y las reflexiones a que nos llevan son muy parecidas. Lo importante es conseguir hacer de esos retos nuestro trampolín de crecimiento.

      Por eso me gusta compartir este tipo de experiencias y reflexiones, porque se que hay mucha gente que puede verse reflejada. Y si encima consiguen motivar a otros a crecer como dices, entonces el esfuerzo habrá merecido sobradamente la pena.

      Gracias por pasarte por aquí y por tus palabras Edu, son gasolina para seguir creciendo.

      Un abrazote y nos vemos muy pronto! 😉

  • BEATRIZ VINDEL
    Posted at 11:31h, 07 febrero Responder

    Mayte, que bonito!
    Cuanta honestidad y cuanta verdad que nunca se dice, que sentimos y que muchas veces no nos permitimos ni siquiera sentir. Creo que esa es la clave, permitirnos sentir todo lo que sentimos y no juzgarnos por ello. Yo no soy madre, pero tu historia me ha llegado al corazón y me ha hecho conectar con esa parte de maternidad que todas llevamos dentro :). Que bueno que haya gente como tú que muestra la vulnerabilidad abiertamente y la integra en su vida como parte de ella y no como una lacra que te hace más frágil. Gracias por tus palabras!

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